Tabaré Leyton

Se interesa por el tango al escuchar la canción Vieja Recoba interpretada por Carlos Gardel.

Tabaré Leyton es hoy el cantante de tangos y ritmos criollos más importante de Uruguay. Dueño de una voz que lo confirma como el mejor heredero del legado de Carlos Gardel, y de un repertorio de composiciones propias que se ensambla en el show en vivo con tangos clásicos y joyas rescatadas del olvido, el joven cantor afianza hoy su carrera en Argentina y sigue cruzando fronteras, habiendo recorrido varios países con su música y habiendo destacado en importantes festivales de España y Finlandia.

En un ascenso acelerado que ya lo encuentra con tres discos, cantidad de giras hechas, reconocimientos importantes y conciertos en los principales escenarios del Río de la Plata —en el Teatro Solís de Montevideo y en el Luna Park junto a Horacio Ferrer, por ejemplo—, Leyton ha demostrado ser uno de los mejores intérpretes de la actualidad. Su moderna estética llama la atención y lo que primero entra por los ojos, rápidamente convence a los oídos: su voz de tenor, suave y poderosa, cálida e inolvidable, se entrelaza tanto con las guitarras y los guitarrones como en un formato más amplio, de banda, generando una sonoridad única y que tiene una infinidad de posibilidades que ofrecer.

Los primeros recuerdos que Tabaré Leyton vincula al tango tienen que ver con Radio Clarín y con su familia. Sin embargo, el enamoramiento definitivo con el 2×4 y los ritmos criollos vino en su adolescencia y como si fuera un golpe del destino: fue cuando escuchó “Vieja Recoba”, cantado por Gardel, que quedó definitivamente vinculado a la música que después se convertiría en vocación.

De tanto cantarle a sus amigos y familiares decidió emprender un proyecto formal, que implicara definir un repertorio y ensayarlo. “Tiempo después alguien me ofreció cantar en un bar, con un cachet que era irrisorio pero que para mí en ese momento, era la gloria. Por cantar asiduamente en boliches fui mejorando el contacto con el público, y tratando de encontrar una identidad, subí las tonalidades de los tangos que cantaba para poderlos adecuar a mi timbre, y que no se parecieran tanto a las voces del ayer, dado que a mí lo que más me interesa es el tango más antiguo, pero tratando de evitar el parecido con los cantantes más representativos de esa época”, dice.

Con el tiempo, a Leyton se le despertó la inquietud por componer y aportarle variedad a su cancionero, y así terminó por armar un repertorio variado que tiene tangos del ayer, canciones criollas, temas de su puño y letra y composiciones de amigos.

En 2010 ganó un concurso de la Embajada de España, que le permitió representar a Uruguay en el Festival de Tango de Granada, y concretar una gira por España y Francia. Con el tiempo, los tours por América, Europa y Medio Oriente se convertirían en una constante que fue afianzándose a medida que fue desarrollando su discografía.

En ese sentido, el gran quiebre fue toparse con Max Masri, el productor argentino líder de la prestigiosa agrupación Tanghetto, quien le propuso grabar un disco. Así nació “La factoría del tango”, su primer álbum lanzado en 2011, editado en Argentina por Constitution Music, y en Uruguay por Bizarro, dos sellos que continúan respaldando su carrera hasta ahora.

Con ese trabajo, el uruguayo consolidó una carta de presentación que lo mostró como uno de los cantantes más interesantes de su generación, con una voz privilegiada que es heredera de la tradición gardeliana, pero que ha hecho su camino propio con una impronta muy personal desde lo vocal, lo interpretativo y lo escénico. Y se ganó los elogios del público, la prensa especializada y los referentes del género, como el mismísimo Horacio Ferrer. En Uruguay, además, fue Disco de Oro por sus ventas y le valió un Premio Graffiti a Mejor Artista de Tango, y un Premio Iris como artista revelación. En su haber también hay un Premio Morosoli a las Artes y las Ciencias.

Después de “La factoría del tango” y su internacionalización definitiva vino su segundo disco de estudio, “Charrúa” (2014), que define todavía más su identidad musical. En ese camino, este año editó “Vivo por el tango”, un unplugged grabado con un dúo de guitarra y guitarrón que permite conocer nuevos matices de su voz, y que es un paso más en una carrera que sigue haciendo a dos orillas en el Río de la Plata, y que le garantiza ser cada vez más un representante de los ritmos criollos fuera de fronteras. A donde va, sean milongas tradicionales o festivales multitudinarios, salas pequeñas o teatros importantes, y ante el público que le toque enfrentar —desde el más conservador al más amplio, del maduro al joven— Leyton siempre brilla y conquista a los espectadores con una presencia única.

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